Durante la pasada Super Bowl (el evento deportivo más importante del año en EE.UU), un representante de la compañía farmacéutica Eli Lilly publicó en el blog corporativo que el coste medio que supone la salida al mercado de un nuevo fármaco es de $ 1,3 billones, un precio que podría comprar 371 anuncios de la Super Bowl, 16 millones de balones oficiales de la NFL, dos estadios de futbol profesional, el sueldo de prácticamente todos los jugadores de la liga en un año o el pago de todas las entradas de todos los estadios de la liga durante seis meses. Esto es, por supuesto, ridículo.
Un fármaco desarrollado por una de las principales compañías farmacéuticas tiene unos costes de al menos $ 4 billones, pudiendo llegar en algunos casos a los $ 11 billones. Las empresas farmacéuticas han invertido en los últimos años una media de $ 1 billón en investigación, un bonito número que podría justificar la idea de que los fármacos de última generación deben ser caros (decenas de miles de dólares por paciente y año), sin que nos lleguemos a plantear que la I+D de un nuevo medicamento puede ser un intento en alguno de los casos totalmente inútil.
Sin embargo, como plantea Bernard Munos de “InnoThink Center for Research In Biomedical Innovation”, se estima que el ratio de inversión en medicamentos que finalmente no llegan al mercado es de $4 billones por cada medicamento que es aprobado. Esto es aún más dramático.
Queriendo ser más rigurosos con los datos aportados, la revista Forbes realizó conjuntamente con Munos un estudio que combinaba el número de nuevos fármacos aprobados (extraído del artículo “las mejores laboratorios farmacéuticos de los últimos 15 años”) con su inversiones en I+D. Se realizaron ajustes teniendo en cuenta la inflación y se calcularon los gastos totales en I+D dividiéndolos entre los fármacos lanzados al mercado desde 1997 para obtener la inversión media de cada uno de los fármacos que vieron la luz. Estos son los resultados:
El ratio de inversión en I+D por cada fármaco aprobado es impresionante. Por ejemplo AstraZeneca ha necesitado $12 billones por cada nuevo medicamento, tanto como las ventas anuales del mayor `blockbuster´ generado por la industria en todos los tiempos. En el lado opuesto aparece Amgen que apenas pasó de los $3,7 billones por cada nuevo fármaco. A $12 billones por cada nuevo fármaco el negocio se convierte en insostenible, a $3,7 billones se puede rentabilizar la inversión teniendo en cuenta los diez años de patente.
En los gastos de I+D están incluidos diferentes conceptos. Un ensayo clínico puede llegar a suponer como máximo unos $100 millones, mientras que la combinación de inversión en fabricación y pruebas clínicas puede ascender a $1 billón. ¿Cuál es entonces el mayor gasto en el desarrollo de un fármaco? Sin duda el fracaso. AstraZeneca hace que la media empeore por su bajo ratio de éxito en la aprobación de nuevos fármacos (sólo 5 en 15 años). Eli Lilly, invirtiendo más o menos la misma cantidad en I+D consiguió el doble con 11 nuevos fármacos, lo que supone `sólo´ $4,5 billones por medicamento.
¿Por qué incluir el fracaso en el coste? La respuesta es sencilla, en este momento, solo 1 de cada 10 fármacos en desarrollo serán comercializados. Es cierto que hay pequeñas biotecnológicas que han conseguido poner en el mercado cada uno de sus productos investigados pero ha sido a costa de otras tantas que quebraron al explorar caminos equivocados.
El elevado coste que significa actualmente el desarrollo de un nuevo fármaco no debe ser la seña de identidad para los laboratorios farmacéuticos, no hay una razón por la cual siempre deba ser tan caro. Históricamente se ha utilizado este argumento para justificar el elevado precio de los medicamentos (miles de dólares por paciente y año), que algo sea caro no significa que sea bueno y es seguro que las cosas se podrían hacer mejor, pero también es cierto que el precio de los medicamentos significa una pequeña parte del gran problema de financiación de nuestro sistema sanitario, solo el hecho de que su precio sea fácil de intervenir lo ha convertido en el chivo expiatorio de los gobiernos y administraciones.
Si un laboratorio prometiese a sus accionistas que va a `inventar´ un nuevo fármaco con un inversión de $50 millones, sus acciones subirían como la espuma como lo hacen las de Apple. Pero la realidad es otra totalmente diferente, se necesitan billones de dólares para el desarrollo de nuevos fármacos en patologías que realmente lo necesitan como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes. El negocio farmacéutico está amenazado por estas elevadas tasas de fracaso y los elevados costes. Solo podemos esperar que las nuevas tecnologías y una mejor comprensión de la biología cambien las cosas.
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